El metro de Bogotá y las ciencias del comportamiento: ¿Cómo identificar nuevas claves para incidir en la cultura ciudadana?
Mientras se construye la primera línea del metro de Bogotá y avanza la estructuración de la licitación para la segunda línea, las discusiones esporádicas sobre su conveniencia, ya sea subterránea o elevada, parecen haber quedado atrás, en gran parte debido a la intervención acelerada de la Avenida Caracas en ciertos puntos. Sin embargo, es posible que pasemos por alto un tema neurálgico que tendrá un impacto crucial en la relación entre la ciudadanía y este nuevo sistema de transporte: la cultura ciudadana y su interacción con el metro en Bogotá
Al revisar los comentarios en las redes sociales tanto de la alcaldía de la ciudad como del consorcio encargado de la construcción de la primera línea, algunas personas coinciden en señalar un posible impacto negativo que podría generar un metro elevado. Este temor se basa en la percepción de que el espacio público existente podría degradarse aún más, lo cual resulta comprensible, ya que la ciudad no se destaca precisamente por ofrecer un entorno público amigable ni por fomentar un comportamiento ciudadano ejemplar en este y otros aspectos. Además, las experiencias diarias de los usuarios del sistema TransMilenio refuerzan sentimientos de desconfianza e incredulidad.
En el mismo sentido, se leen comentarios sobre lo positivo que sería retomar una fórmula implementada hace 30 años: la cultura ciudadana promovida por Antanas Mockus durante su alcaldía. Esto incluiría llenar cada estación con activadores que personifiquen superhéroes o mascotas, fomentando así un sentido de pertenencia y cuidado hacia el nuevo sistema de transporte. Sin embargo, es importante advertir que estas estrategias, que incluso han sido utilizadas como argumento en campañas electorales pasadas o incluidas en los últimos tres planes de desarrollo de la ciudad, ya no producen los resultados esperados. Otros, desde su perspectiva, proponen lanzar una nueva “campaña” de comunicación, pese a que muchas personas ya sienten una sobrecarga cognitiva por el constante bombardeo de información a través de múltiples canales. Lo que sí es un hecho es que, a comienzos de enero de 2025, comenzaron a aparecer grafitis en algunas columnas del nuevo viaducto del metro.
Entonces, ¿Qué alternativas podemos considerar como ciudad para identificar nuevas claves de cultura ciudadana que respondan de manera adecuada a los desafíos relacionados con la conducta de las y los bogotanos, así como de quienes visitan la ciudad, frente al nuevo sistema de transporte?
Sin pretender que sea una receta, es importante dejar sentada algunas ideas claves que pueden darle marco a la discusión y pueden alimentar el debate de diferentes sectores de la ciudad que hoy les preocupa el tema:
1. Diseñar una estrategia de cultura ciudadana para el metro basada en las ciencias del comportamiento: Es fundamental iniciar, de manera temprana, una estrategia de cultura ciudadana para el metro, centrada en evidencia y enfocada en comprender cómo los ciudadanos tomamos decisiones. Un hecho clave es que la primera línea del metro atravesará 9 localidades y 78 barrios, lo que ya señala la relación diferenciada que la ciudadanía tendrá con la infraestructura y los servicios del metro. En las localidades donde el metro pasará por la Avenida Caracas, será utilizado mayoritariamente por población flotante que se desplaza al centro de la ciudad para trabajar, estudiar o adquirir bienes y servicios. Sin embargo, en otras localidades, la línea del metro se integrará al entorno y a las dinámicas sociales, culturales y económicas locales.
2. En este mismo sentido, se presenta una gran oportunidad para comprender y anticipar los patrones de conducta de la ciudadanía a partir de las dinámicas locales: Esto permitiría diseñar intervenciones eficaces que no solo logren transformar comportamientos y actos cotidianos, sino que también fomenten una mayor adherencia a estrategias de comunicación orientadas al cambio comportamental. Estas estrategias deberían generar identidad y cuidado hacia el sistema de transporte Metro, tanto dentro como en su entorno, pero, sobre todo, transformar cualquier sesgo que relacione, en el imaginario colectivo, las experiencias actuales del sistema TransMilenio con el metro.
Es importante mencionar que la ciudadanía de Bogotá no desea repetir la realidad que actualmente se vive en TransMilenio y comparte como aspiración común una visión de dignidad asociada al nuevo metro de la ciudad.
3. La acción de política de cultura ciudadana debe incorporar elementos más innovadores y pensar fuera de lo convencional: Aunque el enfoque estratégico de la cultura ciudadana en el Plan de Desarrollo 2024–2027, 'Bogotá Camina Segura,' se plantea como base para la convivencia pacífica y la seguridad, es fundamental evitar un enfoque securitista, centrado exclusivamente en el control y la persecución del delito o en respuestas reactivas a hechos delictivos dentro y fuera del sistema metro de la ciudad. En su lugar, se debe apostar por la integración de los diferentes actores, no solo como receptores de programas educativos y campañas de sensibilización —como se menciona actualmente en dicho plan—, sino como participantes activos desde el diseño inicial de intervenciones basadas en las ciencias del comportamiento. Esto implica que desde ahora podrían adoptarse decisiones estratégicas, como la creación de un Laboratorio de Ciencias del Comportamiento para el sistema metro, con el objetivo de comprender la fenomenología y realizar el mapeo conductual de la ciudadanía que ya interactúa con la construcción y futura operación del metro. Así, se podrán escalar acciones que fomenten comportamientos de respeto, cuidado y convivencia más efectivos y sostenibles.
4. Por último, es fundamental garantizar el derecho a la ciudad y fomentar la participación incidente de la ciudadanía en los circuitos económicos que genera el metro. Esto implica que tanto el equipamiento urbano como las edificaciones construidas para dar vida a las estaciones del metro deben ofrecer bienes y servicios accesibles a la ciudadanía. En este contexto, se presenta una oportunidad para que los locales comerciales y de servicios beneficien a las economías locales y populares de la ciudad a costos razonables. Según los datos de la empresa Metro de Bogotá, si la primera línea opera durante 19 horas al día, podría transportar alrededor de 1.440.000 personas. Esto subraya la importancia de garantizar que pequeños y medianos comerciantes tengan la oportunidad de participar en estos circuitos económicos, evitando que solo grandes empresas y marcas, capaces de asumir altos costos de arrendamiento, se beneficien.
Como toda solución requiere voluntad política, corresponde impulsar acciones de incidencia para incluir estas ideas en la agenda de los tomadores de decisiones. Es necesario promover que se aceleren los arreglos institucionales requeridos, combinando las capacidades del consorcio Línea Metro1, la empresa Metro de Bogotá, las distintas secretarías de la alcaldía y la ciudadanía en general.
*Politólogo, consultor en incidencia política, innovación social y ciencias del comportamiento.

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